Al Chocó no ha llegado la paz: Columna de Claudia Morales en el Espectador.

Les tengo una invitación: tomen un mapa del departamento del Chocó, ubiquen Alto Baudó, y hagamos un viaje imaginario hasta ese lugar. Si han tenido la fortuna de conocer, mejor. Si no, lo que voy a describir les dará una idea de lo que pasa allí en este momento.

Para llegar, el recorrido en carro y lancha es largo y tortuoso. Las carreteras son escasas, hay pocas instalaciones educativas decentes, faltan los servicios públicos, y los hospitales, cuando los hay, son lamentables.

Viernes 10 de marzo: según la Defensoría del Pueblo había en Pie de Pato, que es la cabecera municipal, 162 familias desplazadas compuestas por 475 personas. Entre ellas 16 lactantes, cuatro mujeres embarazadas, tres personas en situación de discapacidad, 265 niños y 37 adultos mayores. El fin de semana la cifra subió a 700 desplazados. Estos chocoanos están arrumados de la forma más inhumana posible en un remedo de coliseo y otros, en casas de conocidos.

La razón de esta tragedia es la guerra por territorio que tienen el Eln y las Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC), que son los mismos matones del Clan del Golfo. Esa disputa deja todos los días desplazamiento, confinamiento, retenes ilegales y homicidios selectivos. La Fundación Ideas para la Paz en su más reciente investigación señala que, “mientras las AGC intentan conquistar el sur y centro del departamento tras las rutas del narcotráfico y los territorios de minería ilegal, el Eln busca controlar y moverse hacia las zonas de presencia histórica de las Farc”.

Jueves 16 de marzo: siguen en Pie de Pato unos 300 habitantes. Otro número se fue hacia Apartadó porque la Cruz Roja anunció la entrega de ayudas. La Unidad de Víctimas por fin hizo presencia con dos toneladas de alimentos que alcanzan para cinco días.

Fuentes de la Defensoría me dijeron que la administración municipal no tiene recursos para atender a las víctimas. Las autoridades locales hacen llamados a las departamentales y nacionales a través de varios medios entre ellos las alertas tempranas, pero los problemas siguen explotando ante sus ojos y ya están cansados de decir que la crisis no es un asunto de coyuntura sino de orden sistémico.

Para esta columna, el personero de Alto Baudó, Dairo Palacio, dice que “hay una parálisis económica y el efecto es claro en los ingresos de la comunidad especialmente en el tema agropecuario”. La ausencia de la Fuerza Pública permite que se muevan los grupos al margen de la ley y que tengan control sobre las siembras de hoja de coca y las minas ilegales denunciadas por el funcionario.

“Lo más grave es el abandono estatal y la falta de oportunidades. Frente a eso, la gente prefiere estar en los cultivos ilícitos porque es el mercado más fácil”, me cuenta el párroco de Puerto Echeverri, Juan Carlos Palacios Agualimpia. “Tenemos comunidades sin infraestructura educativa, estamos a menos 150 años de civilización, hay gente que todavía se alumbra con mechones”, sostiene.

Luego de hacer este viaje estoy segura de que su conclusión, queridos lectores, es la evidencia del histórico abandono del Estado. Cuesta vislumbrar un buen futuro para los chocoanos y vemos una vez más que la paz se construye de formas complementarias, no solo firmando acuerdos, y el Chocó también está lejos de ese logro.

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