La magia y el misterio de ‘Salt Bones’: cultura, memoria y un mar en desaparición

La más reciente novela de la destacada poeta y narradora Jennifer Givhan, “Salt Bones”, nos transporta a una atmósfera impregnada de cultura mexicano-estadounidense e indígena. Desde sus primeras páginas, la autora introduce un inquietante mensaje: “Aquí desaparecen las hijas”. Esa frase, más que un simple aviso, se convierte en una sombra que cubre la región del Salton Sea, donde se desarrolla la historia y que define el aire tóxico que respiran los personajes.

Un entorno que respira y sufre

En esta novela, el Salton Sea es mucho más que un escenario; funciona como un personaje más, tan importante como los protagonistas humanos. Mal, una madre de dos hijas, junto con Amaranta, la mayor en la secundaria, y Griselda, universitaria enfocada en ciencias, viven marcadas por la evaporación constante de este mar, que año tras año deja al descubierto un lecho contaminado por residuos agrícolas. Ese suelo no solo muestra huesos de peces, sino que revela historias dolorosas que muchos preferirían olvidar.

El Valle y los recuerdos que no se borran

El Valle, la localidad ficticia donde ocurre la trama, está marcada por la presencia de quienes ya no están. Los recuerdos de los desaparecidos, como Elena, la hermana de Mal, que se perdió hace más de veinte años, rondan por las calles y hogares del pueblo. Ahora, Mal, que trabaja como carnicera en la carnicería del barrio, debe enfrentar de nuevo el dolor cuando Renata, una joven trabajadora de la tienda y contemporánea de su hija mayor, no aparece a laborar. Ese suceso la obliga a repasar el pasado, preguntarse qué pudo haber hecho diferente y por qué las desapariciones parecen repetirse en ese lugar.

El peso del pasado y la imposibilidad de huir

Para Mal y su familia, el pasado nunca desaparece. A los recuerdos se suma la demencia de su madre, impulsada por el rencor y el dolor, que los lleva una y otra vez a los momentos previos y posteriores a la desaparición de Elena. Ahora, con la ausencia de Renata, ni el trabajo ni el hogar ni siquiera la orilla del Salton Sea ofrecen refugio ante la tragedia que los rodea.

Reflexiones sobre el patriarcado a través del cine de Michael Douglas

Mientras Jennifer Givhan explora la memoria y el dolor en el corazón del desierto, la crítica cultural Jessa Crispin se sumerge en el análisis de la masculinidad y el patriarcado desde otra perspectiva. En su libro “What Is Wrong With Men: Patriarchy, the Crisis of Masculinity, and How (Of Course) Michael Douglas Films Explain Everything”, Crispin examina la trayectoria cinematográfica de Michael Douglas, desde éxitos como “Romancing the Stone” hasta “The Game”.

El cine como espejo social

Crispin relata cómo, al revisar el thriller erótico “Basic Instinct” en vísperas de su relanzamiento, se sorprendió por la vigencia de sus temas. “Al principio de la pandemia se hablaba mucho sobre masculinidad tóxica, el movimiento ‘Me Too’ y la cultura de la cancelación”, comenta. Esto la llevó a revisar otras películas del actor, observando cómo Douglas encarnaba, en palabras de Crispin, “un recipiente del patriarcado en decadencia”.

Dos historias, un trasfondo social

Tanto en la literatura de Givhan como en el análisis cinematográfico de Crispin, emerge una preocupación por los traumas, las estructuras sociales y el peso de la memoria. Así, desde el Salton Sea hasta las salas de cine, se exploran las huellas de las ausencias, las heridas colectivas y la necesidad de comprender los ciclos que persisten en nuestras sociedades.