Es una escena bastante común en cualquier universidad grande. Un estudiante intenta resolver un problema complejo y, de repente, se queda bloqueado. En la clase de introducción a la genética de Christopher Day en la Universidad de California en San Diego (UC San Diego), donde hay matriculados casi 400 alumnos, no siempre es fácil conseguir la ayuda inmediata de un profesor. Sin embargo, este año la dinámica dio un giro interesante.
Day está poniendo a prueba un tutor de inteligencia artificial, desarrollado por investigadores de la misma universidad y entrenado específicamente con los materiales de su materia. La propuesta de este sistema es que no le entrega las respuestas al estudiante en bandeja de plata. Más bien, le hace preguntas y le da pequeñas pistas para guiarlo hacia la solución. Funciona como un salvavidas mientras el alumno logra hablar con un asistente o espera a la hora asignada de tutorías. “La idea no es reemplazar el proceso de aprendizaje”, aclara Day, quien es profesor asistente en la Escuela de Ciencias Biológicas. “Lo que buscamos es ayudar al estudiante a desenredar el problema y entenderlo de verdad”.
Un modelo diseñado a la medida del curso
Este tutor es una pieza central del proyecto SmartLearning Hub, una iniciativa que lidera Mohan Paturi, profesor de ingeniería informática y director del Laboratorio de Inteligencia Emergente en la Escuela de Ingeniería Jacobs de UC San Diego. Paturi cuenta que todo el proyecto arrancó por una duda muy práctica que compartían varios docentes sobre cómo brindarle acompañamiento académico de calidad a cientos de estudiantes al mismo tiempo.
Lo que más hace falta en estas clases masivas es la atención personalizada, y ahí es donde entra a jugar este sistema. A diferencia de herramientas de uso general como ChatGPT, este modelo socrático se centra puramente en los temas del curso y los mismos docentes son quienes lo configuran. Actualmente se está utilizando en varias materias como economía, ciencia de datos, nanoingeniería y biología en distintas instituciones de la región de San Diego.
En la clase de genética, los estudiantes le dan distintos usos. Algunos acuden al tutor frecuentemente cuando estudian solos, pero también lo tienen a la mano durante los espacios de discusión grupal. Ahí les ayuda a desenredar conceptos difíciles en equipo, evitando que se queden estancados esperando a que el profesor asistente llegue a su mesa. Day y sus colaboradores han grabado algunas de estas interacciones para analizar si los alumnos realmente usan la IA para pensar, si la ignoran o si incluso llegan a cuestionarla. Para quienes sí la aprovechan, es una excelente alternativa frente a la tentación de buscar la respuesta fácil en internet.
No es solo usarla, es entenderla desde la base
Las universidades de todo el país se enfrentan a un dilema sobre si esta tecnología va a entorpecer el aprendizaje o si lo va a transformar por completo. En UC San Diego decidieron apostarle a estudiarla a fondo. Muestra de ello es su nuevo pregrado en inteligencia artificial, el cual se lanzó en el otoño de 2025. El programa se mete de lleno en las bases matemáticas y computacionales, sin dejar de lado el análisis sobre el impacto ético y social de lo que los estudiantes están aprendiendo a construir. Todo esto refleja la visión del rector Pradeep K. Khosla, quien sostiene que la IA no es una simple interrupción que deba controlarse, sino una realidad que la academia tiene el deber de estudiar y moldear.
Preparación directa para el mundo laboral
Esta misma ola de transformación se siente con fuerza al otro lado del país. En la Universidad Estatal de Bridgewater (BSU), en Massachusetts, es una época bastante agitada para los estudiantes de último semestre y posgrado, quienes andan preparando sus hojas de vida para salir a buscar trabajo. Para muchos de ellos, el Centro de Inteligencia Artificial de la institución ha sido un punto de apoyo fundamental desde que abrió sus puertas el año pasado. El espacio se ha consolidado como un referente para enseñar a usar estas herramientas de forma ética, responsable y centrada en el factor humano.
Eric LePage, vicepresidente asistente de IA e innovación educativa en BSU, tiene un panorama claro de la situación. Él explica que la inteligencia artificial ya está presente en una gran variedad de sectores y los jóvenes necesitan adquirir esas habilidades para poder destacarse. Ya no es un tema exclusivo de quienes estudian ingeniería de sistemas; el impacto se ve en la educación, la salud y básicamente en cualquier industria.
Un área donde esto es crítico es precisamente la formación de nuevos docentes. La doctora Anne Hird, profesora de educación secundaria en la universidad, advierte que muy pronto los colegios le van a exigir a sus maestros saber de inteligencia artificial, y la meta de la institución es llevarle la delantera a esa tendencia. El Departamento de Educación Primaria y Secundaria del estado está moviéndose rápido para integrar este requisito en los colegios. Hird señala un problema muy común, y es que la gente que no entiende la tecnología asume de entrada que los estudiantes la usan para hacer trampa. La misión, entonces, es que los futuros maestros entiendan cómo incorporar la IA desde el diseño mismo de las tareas que van a asignar.
De las aulas a la consultoría y la automatización
Los resultados de esta visión institucional ya se ven en la práctica profesional de los alumnos. Muhammed Yosef, un estudiante de posgrado en ciencias de la computación, cuenta que armó su portafolio utilizando herramientas de IA, lo que le dio una ventaja enorme a la hora de presentarse a vacantes. Gracias a su trabajo en el Centro de IA de BSU, Yosef consiguió una pasantía en la Cámara de Comercio de Metro South. Su labor actual consiste en desarrollar bots para automatizar por completo los flujos de trabajo de la entidad, y confía en que esto le abra las puertas a un contrato fijo cuando se gradúe. “La gente ve que he trabajado en estos temas, que he construido proyectos reales y que puedo darles resultados. Ese es mi objetivo en este momento”, comenta.
Por su parte, Sam Oo, estudiante de último año de ciencia política, relata que su experiencia en el centro como Asistente de Innovación e Investigación cambió su perspectiva sobre su futuro. Ahora le llama mucho la atención el mundo de la consultoría. Siente que trabajar con múltiples clientes de diferentes industrias es el camino ideal para quienes saben aprovechar la inteligencia artificial. Según Oo, una persona con estas capacidades puede llegar a cualquier entorno, analizar un problema y proponer soluciones, demostrando que el pensamiento crítico sigue siendo la clave del éxito.







